La palabra ashram o ashrama se deriva del término sánscrito “shrama”, que significa “ejercicio religioso” o del término “aashraya”, que significa protección. Es uno de mi sueños poder quedarme en uno de estos refugios para disfrutar de la paz y vivenciar de manera profunda todo el aprendizaje.
Los ashrams han sido un poderoso símbolo a través de la historia y teología hindú. Un Ashram es como una ermita o santuario hindú, donde los sabios viven en paz y tranquilidad en medio de la naturaleza. El ashram, denota un lugar de refugio, especialmente retirado de la vida urbana, donde las disciplinas espirituales y yóguicas son el objetivo. Los ashramas a menudo se asocian con una figura central de enseñanza, un gurú, que es el objeto de adulación de los residentes del ashram.
Tradicionalmente, los ashramas se encuentra lejos de los asentamientos humanos, en los bosques o las regiones montañosas, en medio de refrescantes entornos naturales propicios para la instrucción espiritual y la meditación. Los residentes de un ashram regularmente realizan ejercicios físicos y espirituales, tales como las diversas formas de Yoga. Otros sacrificios y penitencias, tales como Yajnas también se realizaron. Muchos ashrams también sirvieron como Gurukuls o escuelas residenciales para los niños.
“Mudras“ es una selección de fotos de mudras (gestos budistas con las manos) tomadas por el fotógrafo Dennis Cordell.
Estos retratos en blanco y negro, son de unos jóvenes monjes del monasterio Gyud Zinen en Ladakh, India, durante el verano del 2006. Cada monje presenta un “mudra” diferente, que representa un ofrecimiento a Buddha. La encantadora combinación de lo religioso con lo inocente y cándido de los jóvenes monjes, hace que los retratos de este proyecto sean enormemente expresivos y conmovedores.
Intriga el gesto de este pequeño monje birmano… y es que a su temprana edad parece analizarnos, interrogarnos y quizás hasta adivinar nuestros pensamientos. Esa mirada deber pregunta porque no hacemos nada por liberar a su país de la Junta Militar.
Al parecer los monjes pueden poseer ocho objetos personales: tres mantos, una campanilla, un cuenco para las limosnas, una navaja, un alfiler y un tamiz para el agua. En la actualidad también pueden tener un paraguas y algunos libros, pero no dinero. El gesto interrogante de este niño hace que te hagas millones de preguntas al ver todo lo que tienes tú y cuanto dependes de ello.
Foto: Flickr Sergio
“Todas las religiones están en lo correcto de una forma u otra. Son correctas cuando son entendidas metafóricamente. Pero cuando se quedan estancadas en sus propias metáforas, interpretándolas como hechos, entonces estás en problemas.”
-Joseph Campbell
Hoy mi intención era averiguar en internet si es posible ser budista y cristiano a la vez… y por ahí navegando me di cuenta que existe una obra aún insuficientemente conocida en el mundo hispanoparlante, Las Máscaras de Dios, de Joseph Campbell. Este académico norteamericano (1904-1987), dedicó su vida al estudio de las mitologías y religiones comparadas y alcanzó reconocimiento internacional en 1949 con su libro El Héroe con Mil Caras.
En “Las Máscaras de Dios” reúne el fruto de casi siete décadas de apasionada investigación y meditación sobre el fenómeno religioso, enfocado desde diversas perspectivas culturales y disciplinas. Es una obra que cubre desde los inicios de la especie humana hasta el segundo tercio del siglo XX, escrita con elegante sencillez, en lenguaje accesible a cualquier lector, cuya redacción llevó al autor doce años, dividida en cuatro tomos: Mitología Primitiva (Vol. I), Mitología Oriental (Vol. II), Mitología Occidental (Vol. III) y Mitología Creativa (Vol. IV).
El título alude a su idea central, de que las religiones y mitologías “son metáforas” de Dios. Cabe precisar que el término “mitología” no con lleva aquí, en absoluto, connotación peyorativa alguna. El estudio comparativo de todas las mitologías del mundo, por igual, conduce a ver la historia cultural de la humanidad como una unidad. “Porque (explica) encontramos que temas tales como el robo del fuego, el diluvio, la tierra de los muertos, el nacimiento virginal y el héroe resucitado tienen una distribución mundial; aparecen por doquier, en nuevas combinaciones, aunque son, como los cristales de uncaleidoscopio, sólo unos pocos, y siempre los mismos”. Esta es la piedra basal del pensamiento de Campbell.
No es raro que el concepto de karma sea mal interpretado. Esto ocurre incluso en Asia, donde tiene una larga historia. De hecho, muchas de las culturas asiáticas han incorporado este concepto.
Haciendo una retrospectiva, en algunas culturas el karma ha sido visto en forma negativa y utilizado para incentivar a los miembros marginados de la sociedad a que acepten su situación como algo creado por ellos mismos, y a que comprendan que su sufrimiento en el presente se debe a las causas negativas que han hecho en el pasado.
Al considerar que su situación es su culpa, algunas personas se ven atrapadas por un sentido de impotencia. Pero ésta es una distorsión del significado originario del término karma dentro de la tradición budista.
Aceptar la idea del karma no significa vivir bajo una nube de culpa y zozobra, sin saber qué malas causas pudimos haber hecho en el pasado. Más bien, significa confiar en que nuestro destino está en nuestras propias manos y que tenemos el poder de lograr –en cualquier momento– una transformación positiva.
En términos muy simples, karma significa “acción” e indica el funcionamiento universal de un principio de causalidad, semejante al que sostiene la ciencia moderna.
La ciencia nos asegura que todo en el universo existe dentro de un marco de “acción y reacción”. “Para cada acción, existe una reacción contraria equivalente”, éste es un principio que nos es familiar.
La diferencia entre la causalidad materialista de la ciencia y el principio budista del karma es que éste no se limita a lo que se puede ver o medir. Por el contrario, incluye aspectos espirituales de la vida, o que no pueden ser vistos, tales como la sensación o la experiencia de felicidad o sufrimiento, la bondad o la crueldad.
La palabra Dios no es más que la expresión y el fruto de la debilidad humana, y la Biblia, una colección de honorables leyendas primitivas, las cuales, no obstante, son bastante pueriles.
Albert Einstein, en una carta fechada el 3 de enero de 1954 y cuyo destinatario fue el filósofo Eric Gutkind.
Con esta carta, que se subastará el jueves en Londres y que publica el “Web The Guardian” diario británico The Guardian, podría quedar demostrado que el genio alemán estaba bastante alejado de la religión. En otro pasaje de la misiva, Eisntein asegura: “Para mí, la religión judía, como otras religiones, es la encarnación de las supersticiones más infantiles”
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Para mi Einstein fue notable como científico, pero como filósofo es que me llama más la atención por sus frases como “El azar no existe, dios no juega a los dados”, “La ciencia sin la religión cojea, la religión sin la ciencia está ciega”, “Hay una fuerza motriz superior al vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”, “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”
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