Esta es la historia de un hombre, Colin Beavan, que embarcó a su familia en la aventura de su vida sin salir de casa. El reto: continuar durante un año su vida moderna en medio de Manhattan sin dejar ningún impacto medioambiental. «La verdad», confiesa su esposa Michelle en el blog www.noimpactman.typepad.com, «cuando dije que sí a este asunto a caballo entre Woody Allen y Walden no había pensado bien en lo que significa vivir en un apartamento de un dormitorio con un perro y un bebé, en un noveno piso de Manhattan sin usar el ascensor, la electricidad, pañales desechables, alimentos que no hayan sido cultivados en 250 millas a la redonda, sin televisión, sin comida a domicilio, sin productos de belleza y sin lavadora. ¡Ah, sí! ¡Y sin comprar nada! Durante el siguiente año tuve que bucear en mi armario para ir de compras».
Hasta ese momento, esta periodista de cuarenta años que trabaja en Business Week era adicta a los trapitos de marca, pero todavía se las arregló para ir a la oficina todos los días «fresca como un rosa», según relató satisfecho su editor al presentar la película documental que narra la aventura, que ahora se estrena en Estados Unidos.
El New York Times lo titula «Un año sin papel higiénico», pero Colin Beavan prefiere referirse a él como «El año en que comimos sólo productos locales y revertimos la prediabetes de mi esposa, o el año en que dejé de usar el ascensor y perdí doce kilos, o el año en que no vimos la televisión y fuimos mejores padres», cuenta. «¡Hay tantas formas positivas de verlo!».
Para Michelle, lo peor no fue renunciar a la tele o a las llamadas de los escaparates, sino a las tazas de café que cada mañana echaban a andar su cerebro. Los mercados de granjeros de Nueva York pueden suplir alimentos para una vida, pero nadie ha llegado a cultivar café en esas latitudes. Fue la parte más dura de la primera etapa. Poco a poco fueron desapareciendo los detergentes, los envases, la lavadora, la luz eléctrica… ¡Y a patinar por Nueva York camino de la oficina!
La limpieza responsable es la que está en armonía con el medio ambiente… lo que quiero decir es que si limpio un plato con un detergente que va a ensuciar un río por cientos de años, de seguro que me encuentro ensuciando más que limpiando.
Un médico y nutricionista Tailandés, dijo que todos nosotros, los humanos, estamos diseñados para vivir 120 años, pero los contaminantes, radicales libres, contaminación, exceso de azúcar, plaguicidas, pesticidas, y así sucesivamente, nos atacan y reducen nuestra vida. Nos explica que podemos alargar nuestra vida (y la calidad de nuestra vida) en directa proporción a lo bien que luchemos contra las contaminaciones. Otros estudios indican que nuestro cuerpo está diseñado para durar hasta 140 años en su máximo potencial.
Las palabras no pueden transmitir los sentimientos tan profundos que tuve… ya nos habían informado que la clase del sábado la dirigiría un profesor de yoga que nos visitaba desde Brasil, que fue campeón de surf y además escala en roca. Su vida nos parecía envidiable; su casa está a 50 metros del mar, desde donde se despierta, desayuna, práctica surf, espera a sus alumnos de yoga, para luego en la tarde, descansar. Así de pronto me encontré con Figue, sentado al frente y pareciendo mirar a cada uno de los treinta y tantos en la sala… la sensación fue indescriptible, de paz, calma, tibieza y sobre todo un ofrecimiento personal totalmente sumergido en amor incondicional.
Hace unas semanas tuve mi clase de “Respiración 1 y Mantra” en el 









