Mi querido hijo,
Mis dedos se adormecen mientras escribo las palabras, aborto retenido. Quizás debería ser capaz de escribir y decir esas palabras. Debería ser capaz de ver pasar a una mujer embarazada en la calle y no tensarme entera llena de envidia. Debería ponerme feliz por los amigos que anuncian la llegada de un nuevo integrante. Debería sonreír cuando me cruzo con una madre que está empujando a su hijo recién nacido en su cochecito. Debería estar acercándome a mi fecha de parto…
Para ser sincera, estoy muy lejos de sentir alguna de estas emociones.
Hace una semana que te perdí y sólo tenías diecisiete semanas de gestación.
Una vez que cumpliste doce semanas y en la ecografía se veía todo bien, nos relajamos y compartimos la noticia con nuestros amigos y familiares que aún no sabían. Pensamos que tres meses ya era un tiempo seguro para compartir. No sé si me equivoqué…
Tu papá y yo llegamos el martes pasado a la clínica para el control mensual que correspondía realizar. En cuanto nuestro ginecólogo trató de encontrar los latidos de tu corazón, me di cuenta que algo andaba mal… su cara y su lenguaje corporal lo decían todo. Aquellos segundos de silencio, se transformaron en horas de angustia y luego de unos minutos y una segunda comprobación, nos anunció que ya no estabas vivo. Mi guaguita murió.
Mi amado y querido niño estaba muerto dentro de mí y todo lo que podía hacer era llorar profundamente. Tu papá trató de consolarme… pero su dolor e impresión fue tan grande que casi se desmayó. El doctor trataba de calmar nuestro dolor, explicándonos que a veces estos abortos retenidos “simplemente pasan”. No podía respirar. Aquel terrible momento vuelve a mi muchas veces al día… cierro los ojos y me imagino que me voy a despertar de esta horrorosa pesadilla. Me sigo tocando el vientre pensando que sigues ahí.
Debilitados por el agotamiento y la desesperación, escuchamos el procedimiento que era necesario seguir. La idea de provocarme contracciones hasta llegar a un parto donde nacerías muerto, era demasiado duro de soportar… y así fue. La recuperación fue igualmente difícil, ya que mi cuerpo y mi mente seguían pensando que estaba embarazada. Recién ahora se están alejando los síntomas del embarazo, mientras mi corazón sigue desconsolado.





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