Por momentos parece imposible poder cambiar algo de la realidad que no nos gusta. Nos ponemos a pensar cómo modificar la situación sin alterar el status quo o el estado de las cosas que supuestamente están en equilibrio…
No se puede. Una situación nueva implica el duelo de algo que existe.
De lo que tienes y haces, qué estarías dispuesto a perder?
Quizá ahí sea el lugar donde empezar a pensar…
Ilustración por Gosia
Cada día está lleno de sensaciones y actos habituales y simples… no obstante muchos de ellos tienen el descomunal poder de complacerme y agradarme de tal forma, que provocan una distendida exhalación en mi:
Todo el mundo se levanta, algunas veces, como con un poco de melancolía y no sabemos porque… pero nos acompaña durante todo el día, y aunque hagas mil cosas para mantenerla entretenida, ahí está…
Hoy me he despertado tarareando esta canción, que es como la melancolía con la que me he despertado… me ha acompañado todo el día… y sin embargo, no quiero que se vaya…
Hoy decido sentirme melancólica… mañana ya veremos.
Imagen: Frieda Craps
La conciencia es la capacidad para soltar lo viejo y abrazar lo nuevo, con el conocimiento de que todas las cosas acaban en el momento oportuno. Es difícil aprender a convivir con esta verdad porque los seres humanos buscamos estabilidad, es decir, la ausencia del cambio. Por lo tanto, tomar conciencia significa vivir por completo en el momento presente, sabiendo que ninguna situación ni persona será exactamente igual mañana. Cuando se produce el cambio, nos debemos esforzar en interpretarlo como una parte natural de la vida y en “fluir con él”, como recomienda el Tao Te Ching, y no en contra de él. Nuestra tarea es aportar lo mejor de nuestras energías a cada situación, comprendiendo que influimos en lo que vamos a experimentar mañana, pero no lo controlamos.
El sentimiento que probablemente más confusión produce a la hora de definirlo es el amor. Lo primero que hay que tener claro es de qué tipo de amor hablamos. ¿Un amor apasionado, un amor fraternal o un amor asfixiante quizás?
Este sentimiento suele ser mostrado como el más bonito de este clan, aunque en ocasiones lo único que consigue es apagar lentamente los colores que rodean tus días.
Sensaciones como “mariposas en el estómago“, “estar flotando”, todos eso que supuestamente se siente al ver a esa persona tan especial que ocupa tus pensamientos, son algunas de las maneras más recurrentes de explicar el amor. Pero y ¿por qué no tristeza, desasosiego o inquietud no son utilizados? ¿Acaso no todo el mundo los sufre alguna vez al enamorarse? ¿Acaso no son sensaciones universales? Es ilógico querer pintar las paredes de tu mundo de color rosado sabiendo que la pintura tarde o temprano, se agrietará y dejará al descubierto de nuevo el gris anterior.
Todos dicen te quiero, y es cierto, en algún momento de su vida todos lo hacen, todos quieren enamorarse. ¿Por qué? ¿Qué tiene este sentimiento que no tengan otros? Al fin y al cabo no es tan fantástico como lo pintan, es más, duele… y duele de tal manera que inspira. La mayoría, por omitir el todos, de los mejores escritores, pintores, compositores, etc., tuvieron un amor asfixiante que al mismo tiempo que oprimía su corazón y salud emocional, dejaba volar libre la creatividad hasta límites insospechados.
Parece ser absurdo pensar que “el sentimiento más maravilloso del universo” sea a la vez el más venenoso, incluso más que el odio, celos o envidia, ya que el amor puede englobar a todos éstos y hacerlos suyos.
¿Seríamos capaces de imaginar tal vez una despedida del ser que mantiene en vilo nuestras almas? ¿Duele verdad?
A veces me gustaría tener un lugar retirado todo para mí, en el que pudiera apartarme, meditar y realizar mis prácticas de yoga. A decir verdad, ya tengo un espacio maravilloso en mi departamento que me permite todo esto y más… pero esta casa en el árbol, en pleno contacto con la naturaleza, lo haría muy agradable.
Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron. Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.
Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan únicamente para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas.
Antes de contarme ésto, ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: “Depresión” y la infaltable receta del antidepresivo de turno. Entonces, después las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan es UN AMANTE.
Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto. Están las que piensan: ¿Cómo es posible que un profesional recomiende alegremente una sugerencia tan poco científica? Y también están las que escandalizadas, se despiden y no vuelven jamás.
A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición: Amante es: “Lo que nos apasiona“. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también, quien a veces no nos deja dormir.
Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido. A veces nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja. También solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el placer de un hobby. En fin, es “alguien” o “algo” que nos pone de “novio con la vida” y nos aparta del triste destino de durar.
Celestial… no hay otra manera de definirlo. Es celestial cuando, por primera, segunda y enésima vez uno escucha una canción y siente su corazón inundarse de la presencia de la persona a la que ama. Sentir su sonrisa acariciar suave, cada fibra de nuestra alma es algo más allá de este mundo.
“Colgó el teléfono y volvió, como siempre, aquel cosquilleo impertinente a sus tripas. La misma sensación de cada vez que presagiaba la presencia de él. Una bandada de mariposas se agitaban dentro de su estómago, cosquilleaban con sus alas la piel de su vientre, provocando al subir que el pecho inspirara más oxígeno, y al bajar que el ombligo se guiñara al notar por abajo intensas palpitaciones.
El vuelo de las mariposas no la dejó dormir por la noche, mantuvo sus labios ávidos de besos en estado de vigilia. Le recordó todas las terminaciones nerviosas que recorrían su cuerpo.
Mirando hacia el infinito, y con las manos cargadas de caricias futuras se preguntó cuánto quedaba para que las mariposas la dejaran. Cuándo cesarían de revolotear dentro de su estómago antes de verle a él. Qué podía hacer ella para retenerlas en su interior. Por qué no salían de su cuerpo a través de su sonrisa.
Cada partícula de purpurina* que se desprendía de las alas batientes acrecentaba su bienestar y la certeza de no vaciarse nunca. De tener perpetuamente mariposas en el estómago antes de verle a él.”
Dicen los budistas que el deseo del nirvana impide el nirvana. Se podría decir que la felicidad tiene que ver con la armonía y equilibrio, en términos de salud física y mental. Una persona saludablemente autorrealizada no envidia a nadie, se asume tal como es, conoce cuáles son sus límites, vive con determinación el camino que va escogiendo y se le va designando, disfruta con ello, hace en cada momento lo que en cada momento le toca hacer. Vive la vida intensamente experimentando el aquí y ahora, con la capacidad de asombro de un niño… es creativa e imaginativa continuamente y se abre a lo transpersonal. (así intento ser)
Ilustración de mi ilustrador favorito: Liniers
Las dos horas y media de esta maravillosa aventura se me pasaron volando… y es que la emoción y sensación de realismo simplemente me dejó sin aliento. Los Na’vi, seres originarios de Pandora, lucen tan reales que no hay distinción alguna entre ellos y los humanos.
Parte del éxito de Avatar, está relacionado con la crítica al capitalismo imperialista y al sistema militar estadounidense. La historia muestra una alianza perversa entre los militares y las grandes empresas para apoderarse de un valioso recurso mineral existente en Pandora, una lejana luna poblada por enormes y bellos seres azules. Los humanos al mando, simplemente codician el mineral por su valor monetario, sabiendo que su extracción atenta contra la esencia de la vida en Pandora, cosa que puede ser explicada científicamente por los humanos.
Cada uno de los seres que habitan Pandora, desde el más insignificante insecto, hasta el más monumental animal, comparten un nexo común de tal trascendencia, que cuando veía todo fluir tan armoniosamente, me bajaba un sentido de culpabilidad casi tangible por nuestro modo de vida.
Avatar se preocupa de mostrarnos una forma de vida en la que el respeto por el medio ambiente resulta parte integral de la cultura, y más importante aún, de la vida. Tanto es así, que el ser humano vuelve a formas supuestamente más primitivas de vida, en armonía con el entorno natural. De esta manera nos manifiesta algo que muchos ya sabemos, que todos somos uno, que existe una red espiritual que une todo lo que vemos y lo que no alcanzamos a ver, una completa conexión con el todo, la sabiduría de un bosque y su luz. También apareciendo el ego representado por el comportamiento humano.
Los paisajes extremadamente llenos de color, son de una belleza cautivadora; la fauna y flora de Pandora son una refrescante experiencia sensorial, casi alucinógena. Los Na’vi gozan de una expresividad que no había visto antes en personajes recreados por computador, las escenas de acción son adrenalínicas e impresionantes, las batallas épicas, el idioma bellísimo, el sonido extraordinario, la banda sonora a cargo de James Horner muy adecuada y el ritmo narrativo perfecto.