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Nos encontramos, compartimos y nos despedimos

Hace unos días me despedí de un conserje colombiano de mi edificio, que se volvía a su país luego de unos años no muy venideros en Chile. De los 14 porteros, Diego era el que mejor me caía… dentro de varios aspectos, me divertía su acento exagerado. Conversábamos largamente sobre su cultura, tradiciones y religión, y además me contaba de su vida, de su señora, de lo humano y lo divino.

Al aparecer en esta dimensión y permanecer en ella estamos expuestos a pruebas, a encuentros en que debemos participar con personas que muchas veces nunca pensamos conocer, personas con las que compartimos, de acuerdo al rol que con ella nos identificamos, desde la amistad, trabajo, estudios, noviazgo, por citar algunos.

Lo importante es que nos dimos la oportunidad a que se manifestaran estas relaciones, ocasionando emociones y sentimientos; desde luego, algunos fueron fugaces, otros más duraderos, todo dependiendo de los lazos que se generaron.  Lo importante, es determinar su alcance, aprovechar el tiempo que se nos dio para estar juntos, compartir, más, cuando sabemos que todo es transitorio.

Muchas veces, nos toca a nosotros o a los demás, trasladarse del país de origen por motivos de estudios, trabajo o simplemente por decisiones personales, y así damos vida a encuentros que nunca esperábamos que se iban a dar, mucho menos, con personas que ni siquiera conocíamos, sin embargo, pareciera que estaba programado así, que debíamos interrelacionarnos, y algunas veces tuvimos la sensación que pareciera que a algunos ya los conocíamos… como lo trata de explicar, todo lo concerniente a la ley karma, las vidas pasadas.

Durante el encuentro no sabemos el tiempo que compartiremos juntos, todo depende de su razón de ser, del interés… algunos terminan al tan solo retirarnos del lugar, así seguimos nuestra vida, olvidándonos de las personas con quienes de alguna forma compartimos esos momentos, sean de estudios, de amistad transitoria, o de algún noviazgo que no se consolidó en una unión formal para establecer un hogar.

Es interesante evaluar que tanto representaron esos encuentros, que aprendimos de ellos, como los disfrutamos, cuáles fueron su alcance, que dependencia se dio, cuanto nos identificamos, que tanto incidieron en nuestras emociones, sentimientos.

Desde luego, habrá algunos, que fueron significativos y que jamás se olvidarán por todo lo que representó en nuestro crecimiento personal y aún en el espiritual, encuentros que nos dejaron grandes enseñanzas, momentos de felicidad, de darnos la oportunidad de compartir, evaluar la importancia de saberse integrar, apreciar la oportunidad de vida y compartirla.

Hay otros, que se cerraron desde el mismo momento en que nos despedimos, y que de alguna forma también nos aportaron algo: experiencia, sociabilidad, conocimiento. Para muchos el pasado ha sido muy significativo en su vida y aún en el presente recuerdan esos encuentros, a sus actores, y el escenario… así mantienen algo de nostalgia, probablemente de lo que se vivió y se escuchen frases como: Si el presente fuera el pasado…

Si el presente fuera el pasado, volvería a perder la cordura, para recobrarla en algún puente, al borde de la desaparición.
Hay personas como el profesor José Antonio Ortega que expresa lo siguiente: “Se van o regresan, tal vez sea un problema de geografía sentimental entre la tierra que despide y la patria que recibe; qué complicado plantear las cosas desde dos perspectivas, desde esta tierra y desde el otro lado del océano, desde los recuerdos vividos aquí y la vida dejada allá; se van o regresan, que decida el sentimiento de cada uno de acuerdo con lo que más añore, de acuerdo con lo que más llame al corazón.

Pareciese que es el momento de despedirse, de decir adiós, dar abrazos, aplausos, en fin, cumplir con el ritual que indica que es el final de una etapa de la vida. Todo pareciese tan sencillo y posible de ser lapidariamente guardado en una palabra: “¡Adiós!”. Pero no, el asunto es más complicado y más simple, las despedidas tienen esa compleja sencillez de los finales que no acaban y la expectativa de un inicio que aún no llega, sin embargo, se presiente y está latente en este espacio en que despedida y regreso se confunden.”

Lo cierto, que a muchos de nosotros nos ha tocado dar vida a encuentros fugaces, otros más duraderos, dependiendo como los manejamos y significó para nosotros, lo importante es haberle sacado el provecho cuando estos se dieron…


Ilustración por David Lupton

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