
Tengo amigas que les funcionaba perfecto eso de olvidar un amor con un amorío momentáneo. Y bueno, muchas veces estos romances transitorios agarraban tanta fuerza que se convertían en estables. En mi caso eso nunca funcionó… siempre he sido un poco obsesiva cuando quiero algo o alguien, así que si la relación se quebraba o peor aún, nunca empezaba, obligada a pasar el duelo necesario para luego enfocarme en un nuevo amor.
Hay amores que permanecen enquistados, aunque el otro se haya alejado para siempre y ni siquiera piense en nosotros. Durante los primeros meses de la pérdida, la memoria emocional está a flor de piel y es cuando más se siente la ausencia: sensaciones, olores, voces, imágenes… hacen que una forma de presencia se manifieste con una nitidez impresionante.
Si has padecido este «estancamiento emocional», sabes a qué me refiero: la nostalgia se convierte en una carga que te amarga la vida y te impide funcionar libremente. Es un freno a la existencia. Oscar Wilde afirmaba que la pasión nos hace pensar en círculos. Y es verdad: bajo los efectos de una pasión/amor reticente y testarudo, la sensación es la de sentirse atrapado en un pasado que no pasa. Peleas contra los recuerdos, tratas de distraerlos, acudes a la consulta de un psicólogo, recurres a adivinos, brujos, pero las imágenes del ex llegan como cascadas. Tienes la impresión de que te han arrancado una parte de ti, te falta algo, pero igual que algunas personas que han sufrido una amputación siguen sintiendo la extremidad («miembro fantasma») que ya no tienen, tu cerebro procesa el sujeto ausente como si aún lo tuvieras a tu lado. Y no es un brazo o una pierna de lo que hablamos, ¡es una persona entera!
El amor que sientes por alguien es producto de una historia y una narrativa que se escribe en lo cotidiano. La persona que amas y ya no está tiene un «historial sentimental» y es una referencia afectiva que no puedes arrancar de cuajo como si tuvieras una amnesia repentina. En los amores grabados a fuego, no siempre un clavo saca otro clavo. El proceso más saludable es a la inversa: primero hay que sacar el viejo y, entonces, si tienes suerte, hallarás una persona que valga la pena y que pueda entrar en tu vida tranquilamente y sin el estorbo del anterior.
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