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Somos un peligro para nosotros mismos


Contaminación

La población mundial en el siglo XV, no alcanzaba los 500 millones de habitantes aproximadamente. Recién en el año 1830 se superaron los 1.000 millones de personas y sólo 100 años después, en el 1930, ya se había duplicado la población, alcanzando los 2.000 millones. Para volver duplicarse y llegar a los 4.000 millones habitantes, sólo se tuvo que esperar 45 años (1975). Para el año 2000 se superó una población mundial de 6.000 millones y desde entonces ha seguido creciendo rápidamente, aunque algunos países se encuentren en una fase de crecimiento nulo. Se pronostica que para el año 2010 llegaremos a los 7.000 millones de personas y en el 2033 a los 9.000 millones. Científicos afirman que es un problema el ritmo actual de crecimiento, ya que en pocos años no existiría comida para todos el mundo… ni aún plantando en los desiertos.

El asunto más preocupante para el astrónomo Carl Sagan (1934-1996) en su libro “Miles de millones”, es el deterioro del medio ambiente y que existe una inmensa correlación entre pobreza y tasas de natalidad elevadas: “el crecimiento demográfico exponencial se reduce o se detiene en casi todos los casos cuando desaparece la pobreza extrema. (…) Por esta razón, el contribuir a que otros países consigan hacerse autosuficientes no es sólo un acto elemental de decencia humana, sino que también redunda en beneficio de las naciones más ricas”. A medida que se disminuye la pobreza extrema, se va logrando la liberación de la mujer, que es un factor muy influyente en la tasa de natalidad.

Entonces al alcanzar un nivel de vida más alto, el ser humano tiende a destruir su entorno contaminando los ríos, mares, tierras y hasta la atmósfera. La gran falla radica en que no hemos aprendido a vivir de forma coherente con la Naturaleza y mientras no aprendamos y sigamos creciendo desmesuradamente, terminaremos con grandes desastres medio ambientales, que nos llevarán finalmente a una menor calidad y cantidad de alimentos y una menor calidad de vida. Hay que tener claro que el ritmo de vida de los países ricos no es sostenible por todos los habitantes del planeta, ya que el mundo colapsaría y terminaríamos en la destrucción de nuestra propia especie.

Carl Sagan, expone también los peligros del calentamiento global de la Tierra, del vertido de tantos “humos” a la atmósfera y como el agujero de la capa de ozono se va deteriorando por las consecuencias de nuestra negligencia: “la vida depende de un equilibrio delicado de gases invisibles que son componentes menores de la atmósfera terrestre. Un poco de efecto invernadero es bueno. Ahora bien, si añadimos más gases de éstos, cómo hemos estado haciendo desde el inicio de la Revolución Industrial, absorberán más radiación infrarroja. Estamos haciendo más gruesa la manta, y con ello calentando más la Tierra”. Sagan nos explica también que: “Nuestro planeta es indivisible. En Norteamérica respiramos el oxígeno generado en las selvas ecuatoriales brasileñas. La lluvia ácida emanada de las industrias contaminantes del Medio Oeste de Estados Unidos destruye los bosques canadienses. La radiactividad de un accidente nuclear en Ucrania pone en peligro la economía y la cultura de Laponia. El carbón quemado en China eleva la temperatura en Argentina. Los clorofluorocarbonos que despide un acondicionador de aire en Terranova contribuyen al desarrollo del cáncer de piel en Nueva Zelanda. Las enfermedades se propagan rápidamente a los más remotos rincones del planeta y su erradicación requiere un esfuerzo médico global. …Probablemente sea un exceso de optimismo confiar en que algún gran Defensor del Ecosistema vaya a intervenir desde el cielo para enderezar nuestros abusos ambientales. Es a nosotros a quienes corresponde hacerlo. …Hemos destruido los bosques, erosionado la superficie del planeta, alterado la composición de la atmósfera, debilitado la capa protectora de ozono, trastornado el clima, emponzoñado el aire y las aguas y conseguido que los más depauperados padecieran más que nadie la degradación ambiental. Nos hemos convertido en predadores de la biosfera, poseídos de arrogancia, siempre dispuestos a conseguir todo sin dar nada a cambio. Ahora mismo somos un peligro para nosotros mismos y para los seres con los que compartimos el planeta. La agresión al entorno global no es responsabilidad exclusiva de empresarios empujados por el afán de lucro y de políticos miopes y corruptos… todos tenemos parte de culpa.”

Y así concluye: “Creo que tenemos el deber de luchar por la vida en la Tierra y no sólo en nuestro beneficio, sino en el de todos aquellos, humanos o no, que llegaron antes que nosotros y ante quienes estamos obligados, así como en el de quienes, si somos lo bastante sensatos, llegarán después. No hay causa más apremiante, ni afán más justo, que proteger el futuro de nuestra especie”.

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