Un tercero en mi pieza ?>

Un tercero en mi pieza

Cuando me casé supe que a pesar de todo lo maravilloso que me traería el matrimonio, debería acostumbrarme a compartir ciertas actividades que solía disfrutar yo sola. La primera situación surgió cuando tuvimos que tomar la decisión de tener o no, la televisión en el dormitorio. En un principio y llevados por todos los ideales de una pareja recién casada, intentamos abstenernos de la tv, para supuestamente no perder la comunicación”. Pero no alcanzó a pasar más que un par de semanas, cuando un día con valentía, concluímos que extrañabamos la transmisión.

Ahora el asunto apuntaba a quien se apropiaría del control remoto. Por suerte, él no es de esos típicos hombres que se pasean por todos los canales, sin poder decidirse cual dejar. Lo bueno es que tenemos gustos bien parecidos y preferimos ante todo ver alguna de nuestras series, como por ejemplo Lost, Heroes, Dexter, Desperate Housewives, Big Love, 24, Brothers and Sisters, Flashpoint, Dr. House, Prison Break, Battlestar Galactica, etc… y varias más. Y es que no hay nada más rico que en un frío día de invierno, llevarse la bandeja con el almuerzo a la cama y ver algo de lo que hemos bajado por el computador.

Lo que encuentro un poco más difícil, es cuando uno de los dos quiere descansar y el otro está pegadísimo viendo tele hasta tarde. Se vuelve imposible conciliar el sueño, con esos luminosos flashes que lanza la pantalla en la oscuridad… lo único que provocan es un desagrado que no es lo más recomendable antes de dormir.

Estoy de acuerdo que en algunos casos no es aconsejable, ya que puede frenar la comunicación, evitando conversar y profundizar el diálogo debido a la distracción que genera y el silencio que conlleva. Pero para que no cumpla una función de escape, la televisión debe ser vista como un momento de diversión.  En fin, no creo que la televisión, sea una enemiga en mi relación, ni vaya a ser la culpable de la lejanía entre una pareja, ya que esta siempre está la opción de apagarla.

¿Qué hacer? Tener dos teles y audífonos, me parece extremo. No tener tele, igual es una lata, porque no hay como tirarse en la camita a ver algo entretenido para relajarse. ¿Dormir separados? no way. Entonces, ¿qué queda? Parece que aprender a compartir o armarse de paciencia no más.

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